Al hablar de la "vida y obras del maduro incorregible", el autor no trata sino sacar a flote una actitud concreta: la de aquel que cree haber llegado a un grado sumo de madurez. Una forma muy común de reafirmar la propia personalidad es considerar la mayor madurez de uno con respecto a los demás. Quizá todos hayamos caído alguna vez en este ejercicio de vanagloria. Por ello es interesante echar pie a tierra y darse cuenta de que, como ya dijo uno que sabía mucho, "Solo sé que no sé nada".
Pero este no es sólo un libro escrito en clave de condena; al contrario, no pretende hacer ver el punto débil más que para hacerle frente. Así pues, es un libro que propone soluciones y que concibe esperanzadamente la comunicación humana y las limitaciones que ella tiene; además, aborda con seriedad el concepto de madurez.
En la estructuración y temática de los capítulos se deja entrever esta intención conciliadora entre los polos negativo y positivo del maduro incorregible. Estas son unas páginas para pararse a pensar. Son de fácil lectura, pero tienen como fin provocar e incitar al lector para que siga discurriendo y termine de formular cada una de las ideas desarrolladas en el texto por sí solo, luego de asimilarlas.
