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América Latina está viviendo múltiples transformaciones locales que cumplen la función de aprendizajes políticos y organizacionales para los sujetos sin derechos. Sin embargo, lo realizado hasta ahora no es suficiente para enarbolarlo como un proceso de cambio social profundo que llegue a resarcir los hilos asociativos deteriorados por la atomización social provocada por el neoliberalismo; tampoco es la panacea para olvidar los agravios y la exclusión. Estos espacios focalizados son un recurso estratégico que posibilita visualizar mejor los problemas, colectivizar las preocupaciones y hurgar en la caja de herramientas de las prácticas políticas de ayer, que podemos retomar o inventar para transformar la realidad social, abandonar la exclusión, ligarnos al trabajo y construir nuevas instituciones políticas. Comentarios de lectores:
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