Roma, 12 de agosto de 2003.
Fueron muchos los logros obtenidos, muchas las pruebas pasadas, y demasiado el tiempo fuera de casa, según algo que se llama "destino" y que por razones de salud familiar me conducía una vez más a un aeropuerto. Pero esta vez sí que no sabía qué sucedería.
Recuerdo que entre lágrimas y bellos recuerdos sopesaba el tiempo pasado y el camino recorrido, una vez más la impotencia contaminaba mi alma, pero esta vez sin ánimo inconformista ni actitudes rebeldes. Tenía más bien una calma reflexión, extraña por cierto, que anestesiaba el llanto de una nueva despedida, pues largo había sido el camino recorrido.
El hombre acunaba su propia lucha,
vestía su ropa vieja y su mochila cargada,
ese ropaje que no podía arreglar con dinero...
Se trataba de aquellas cosas
que lo habían traído hasta acá.
Consciente, el hombre, de que debía finalizar su recorrido,
para poder así quitarse su ropaje,
sacar ese peso que doblegaba su espalda
y finalmente sentirse libre,
libre de todo temor y perdón de su pasado.
Difícil se hizo el viaje. No era fácil
ser comprendido a lo largo
de ese recorrido,
algunas veces fácil, otras difícil,
ya que debió hacerlo bajo tormentas,
frío, lluvias
y calores sofocantes.
Cada pueblo que atravesaba le dejaba una enseñanza distinta,
pero también hubo algunos que la escatimaron.
En esos lugares oscuros halló un sabor amargo, dudas, temores.
Pero eso... Eso ya había pasado.
Cada vez que debía atravesar una montaña,
el desconocido disfrutaba y
hasta me atrevería a decir
que esperaba ansioso el momento de sentarse en su cima.
Le gustaba ver el paisaje, los pueblos y caminos,
todo aquello que había dejado atrás.
Al principio sólo se trataba de lamentar,
porque con coraje había pasado "eso", que quedó atrás.
No se trata de lamentar, una voz le susurró al oído.
Se trata de vivir a pleno cada sentimiento,
cada momento,
cada dolor,
y cada alegría también.
Si estás triste, pues, llora.
Si estás contento, sonríe.
Si estás enojado,
¿qué esperás para relinchar
y trotar hasta que transpires esa bronca?
Si te has sensibilizado, pues, escribe
y sella este momento como una fotografía
que no has de olvidar jamás.
Decidido a continuar con su viaje,
el hombre sonrió ante aquellos suspiros
que vaya a saber uno de dónde vinieron.
Y con todo su ropaje partió,
y a medida que caminaba se daba cuenta
de que poco a poco su ropaje
desaparecía,
hasta dejarlo totalmente desnudo.
Muy avergonzado no sabía adónde ocultarse,
y de pronto
recordó aquella voz que le dijo
que debía "sentir".
El hombre sabía que ahora
estaba acunando una parte nueva
de su vida.
Una nueva historia, quizás.
Esta vez no se trataría de luchas, sacrificios,
mochilas cargadas y ropaje viejo... Esta vez...
Esta vez, se trataría de "sentir".