LUCRECIA SE OSCURECE


Lucrecia se oscurece
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por Javier Vivancos
Libros En Red, 2005
COLECCIÓN: Novelas (vea otros libros de la misma colección)

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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

-¡Esto os gustará! -exclamó Lucrecia.
Aquella súbita ruptura de su mutismo había sobresaltado a Laura y J.C. Ambos levantaron la cabeza al mismo tiempo, y abrieron bien los ojos, con expresión de susto, apagando todos sus pensamientos, todas sus brillantes ideas de fuga o de lo que iba a ser su destino a partir de ahora. Se sintieron atrapados (lo estaban), y temerosos en su delirante paranoia de que su captora pudiese estar leyendo sus pensamientos, que supiera cuales eran sus más profundas intenciones y deseos, y de que en cualquier momento les dijera: "No os molestéis. Sé lo que pretendéis, y no os dejaré...".
Lucrecia se levantó del cubo y se paseó con el libro entre las manos, acercándose un poco más a ellos, como si estuviera dando un recital. A ellos les pareció increíble (¿Qué no lo era ya?) que pudiera estar leyendo tan cómodamente de espaldas a la fuente de luz.
-Aquí hay algo interesante... Después de todo podría ser un buen final. ¡Sería EL GRAN FINAL! -exclamó con expresión de placer.
Se paseó muy cerca de ellos, obligándoles a erguirse para no rozar su cuerpo, que desprendía una desagradable mezcla de olores.
-Una sencilla invocación... -continuó explicando-. ¿Os apetece convertiros en una criatura? ¿Os apetece formar parte de mi grimorio? -ofreció sin esperar respuesta.
José Carlos pareció no entender, y se atrevió tímidamente a preguntar:
-¿Qué?
Ella le dedicó una sonrisa glacial, y continuó leyendo para sí, paseándose en círculos, rozándose por las columnas como una gata en celo, con sus botas removiendo la arena. La mosca pareció disturbarla de su concentración, obligándola a agitar su mano para ahuyentarla.
-...Entidades sin materia inicial -leyó en voz alta Lucrecia-, brillantes aunque oscuras, sinuosas, cargadas de pura energía, manifiestas en destellos que diríanse descargas eléctricas. Frías formas que ocuparían sus recipientes como delicioso licor en su botella. Formas que darían forma a otras... Y las almas ofrecidas abandonarían los recipientes, expulsadas por las entidades oscuras, atrapadas en una especie de limbo o en el habitáculo del sacrificio, por los restos de los restos. Carne y hueso serían moldeados, sangre y vísceras..., y formas diversas, bellas a su modo, renacerían desde lo más profundo, desde los poros, desde los tejidos, desde los cúmulos adiposos y las terminaciones nerviosas. La sangre se acumularía, su composición se alteraría abrasando, consumiendo los órganos vitales, extendiendo su fluido, dando forma a jugosas protuberancias, carnosas a su modo... Tanto como la imaginación sea capaz de imaginar... Y el dolor, el dolor será intenso, abrumador, extenso e infinito, pero también lo será el éxtasis, la inmensurable sensación del cambio, célula a célula, fragmento a fragmento. Formas cuyo único fin sería una descarnada ansia por destruir, por corroer, por llevarse consigo y para su lado, para el lado, todo lo vivo, inclusive a ellas mismas, en una orgía de destrucción que acabaría con sus propias formas calcinadas por el fuego. Sus cenizas al lado, a nuestro lado, con su preciado cargamento de almas atrapadas para siempre, ofrecidas; sus dones no serán banales...

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Hace un tiempito hablábamos de los seudónimos, esos nombres de fantasía que los autores eligen, por distintos motivos, para enmascarar su identidad...