EL REY LEAR


El rey Lear
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por William Shakespeare
Libros En Red, 2004
COLECCIÓN: Teatro (vea otros libros de la misma colección)

Edición Electrónica
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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

LEAR.-Os hice mis guardianas, mis depositarias, no reservándome sino cierto número de oficiales para mi séquito. ¿Para entrar en casa sólo he de llevar veinticinco ¿no acabas tú de decirlo?

REGAN.-Y lo repito, señor; ni más.

LEAR.- Incluso la criatura más despreciable puede parecer digna de elogio ante una aun peor. (A Goneril) Volveré a tu castillo. Tus cincuenta son el doble de sus veinticinco, y así, tu cariño es doble que el suyo.

GONERIL.-Escuchad, señor, ¿qué necesidad tenéis de veinticinco caballeros, ni siquiera de diez, ni aún de cinco, para venir a una casa donde encontraríais a un número de servidores tres veces mayor?

REGAN.-¿Qué necesidad tenéis ni de uno solo?

LEAR.-¿Qué estáis hablando de necesidad? El mendigo más miserable goza de alguna superfluidad en medio de su pobreza. Si al hombre sólo le concedes lo estrictamente necesario, su vida será tan barata como la del bruto. Princesa eres: si todo el lujo consistiese en vestir bien abrigada, ¿necesita la naturaleza de esos preciosos trajes que llevas y que apenas pueden defenderte del filo? Otra cosa necesito yo: la paciencia; otorgádmela, clementes dioses. En mí veis a un desventurado viejo, tan abrumado por el dolor como por el peso de sus años. Si sois vosotros los que armáis a estas hijas contra su padre, no me inspiréis demasiada insensibilidad para soportar tranquilo sus injurias; infundidme una noble cólera. No mancille las mejillas de un anciano el llanto, única arma de la mujer. Sí, monstruos desnaturalizados, de vosotras tomaré una venganza que el mundo entero... Ignoro a qué extremos llegaré; pero juro que ha de temblar la tierra. ¿Pensabais verme llorar? No lo lograréis. Verdad es que me sobra motivo para ello: mas antes de verter una sola lágrima, quedará roto en pedazos mi corazón. ¡Ah! ¡temo volverme loco!

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Hace un tiempito hablábamos de los seudónimos, esos nombres de fantasía que los autores eligen, por distintos motivos, para enmascarar su identidad...