CARTAS DESDE LA TIERRA


Cartas desde la Tierra
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por Mark Twain
Libros En Red, 2011
COLECCIÓN: Humor (vea otros libros de la misma colección)

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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

Noé comenzó a seleccionar animales. Debía haber una pareja de cada especie de criatura que caminara o se arrastrara, nadara o volara, en el mundo de la naturaleza viviente. Solo podemos deducir el tiempo empleado y su costo, pues no hay registro sobre estos detalles. Cuando Símaco hizo los preparativos para iniciar a su joven hijo en la vida adulta de la Roma imperial, envió hombres a Asia, África y a todos lados a cazar animales para las luchas en el circo. Tres años emplearon esos hombres en reunir los animales y llevarlos a Roma. Solo cuadrúpedos y yacarés, ya se sabe –nada de aves, serpientes, ranas, gusanos, piojos, ratas, pulgas, garrapatas, arañas, moscas, mosquitos–, nada más que los simples cuadrúpedos y los yacarés comunes; y ningún cuadrúpedo excepto los que luchaban. Y, sin embargo, fue como les dije: llevó tres años reunirlos, y el costo de los animales y el transporte y la paga de los hombres sumó cuatro millones y medio de dólares.

¿Cuántos animales? No lo sabemos. Pero fueron menos de cinco mil, pues ese fue el mayor número que se alcanzó para los espectáculos romanos, y fue Tito, no Símaco, quien lo logró, comparados con lo que se comprometió a hacer Noé. En cuanto a aves y bestias y seres de agua dulce, tenía que reunir ciento cuarenta y seis mil clases; y de insectos más de dos millones de especies.

Difícil es atrapar a miles y miles de estos bichos, y si Noé no se hubiera dado por vencido y renunciado todavía estaría en la tarea, como solía decir Levítico. Pero no quiero decir que abandonó. Juntó tantos seres como podía alojar y luego se detuvo.

Si hubiera conocido la realidad desde el principio, hubiese sabido que lo que se necesitaba era una flota de arcas. Pero él ignoraba cuántas clases de animales existían, al igual que su Jefe. Así que no incluyó a ningún canguro, zarigüeya, monstruo de Gila, ni ornitorrinco, y le faltó una multitud de criaturas indispensables que el amante Creador había dispuesto para el hombre y a las que había olvidado al internarse ellas en una parte de este mundo que Él nunca había visto y de cuyas actividades no estaba enterado. Y así todas estas especies se libraron por poco de perecer ahogadas.

Escaparon solo por accidente. No hubo agua suficiente como para cubrirlo todo. Solo alcanzó para inundar un pequeño rincón del globo. El resto del territorio se desconocía en ese entonces, y se suponía inexistente.

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Hace un tiempito hablábamos de los seudónimos, esos nombres de fantasía que los autores eligen, por distintos motivos, para enmascarar su identidad...