Ese cristianismo arropado con los preciosos mitos nicenos no tiene en cuenta el verdadero mensaje de su fundador, Jesús de Nazaret, quien dijo que el reino de Dios tenía que estar cimentado en la igualdad, la justicia y el amor, no en figuras de ficción.
Los herederos de Constantino, muchos bendecidos por los Papas, y otros jerarcas de las iglesias cristianas se olvidaron del verdadero evangelio y se dedicaron a la guerra para levantar sus imperios. Simultáneamente, adornaron el mundo occidental con bellas obras de arte, mayormente inspiradas en los mitos acunados en el concilio de Nicea.