Alejandro González Foerster
Alejandro González Foerster (Cipolletti, Río Negro, Argentina, 1959) ha
publicado sus cuentos en los periódicos Córdoba y La Voz del Interior,
en las revistas Juegos para Gente de Mente, Pre-Textos,
Potencial, Cuasar y Puro Cuento y en las antologías Los de
Acá (I y II) de Página/12. Tres de ellos (La sospecha,
Reflejabas el vértigo y Los reinos posibles) han sido filmados por
Alejandro Mansilla.
En 1985 ganó el Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda, en 1995 el
segundo premio en el mismo certamen, en 1998 el Concurso Córdoba Macowens
(categoría cuento tradicional) y otros premios y menciones en diversos
concursos. Ha participado en diversas mesas redondas sobre narrativa y
actividades de difusión de la literatura, especialmente entre los jóvenes, y
dictado durante los años 2000 y 2001 en el Cabildo Histórico de Córdoba un
taller de cuento de misterio.
Ha publicado en Argentina los libros Una hoja seca y otros cuentos (1986),
Pasajes (1988), Sí, Querida (1995), El testigo de la bufanda
roja (1996), Sortilegios y alucinaciones (1996), Graffiti - Es
como hablar con la pared (1997), Para leer en la silla eléctrica
(1998), Se viene la noche (2000) y otros en colaboración. En España,
Lo frío de las noches (con Rubén Alonso Ortiz y Abel Díaz), Ronsel,
Barcelona, 2002, y de próxima publicación, Cositas, en la misma
editorial.
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Cuentos
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Universos de 5 o 50 líneas donde todo puede suceder. Lo insólito, lo macabro, lo inaudito, mostrando que no todo es lo que parece... o, mejor, que nada es lo que parece en realidad.
Un variado menú de platillos envenenados, pero sólo lo suficiente para abrir
el apetito del lector. Servidos con primor, rebosantes de macabras carnosidades,
de insólitos perfumes y sabores inesperados, los Cuentos de la extrañeza
son universos donde lo inaudito es lo habitual, y lo extraño está sucediendo a
cada instante.
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Novela Policial
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El juez Guzmán, ya retirado, descansa y juega al ajedrez. Pero para los asiduos de El Tábano cada partida es un pretexto para que él narre alguno de sus extraños casos policiales.
Los parroquianos, tan atentos a las historias como al juego, no son parcos a la hora de asombrarse; el Sordo Jaeggi, dueño y mozo, va y viene atareado con los pedidos, casi siempre funestamente equivocados. Así van cobrando vida las extrañas historias del juez Guzmán, en las que la paradoja se roza con el misterio y la lógica con lo aparentemente inexplicable.
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