Estos pensamientos breves, expresados por el autor en forma de aforismos, impresionan con la vivacidad de los relámpagos; son para degustarlos con parsimonia de cara al anchuroso cielo, la mente en blanco, libre de prejuicios, para que en ella entren imágenes nuevas, sentencias inéditas, creadas por la magia inextinguible de la palabra. Estos pensamientos breves no deben ser leídos de un tirón, como suele hacerse con las novelas apasionantes o los demás géneros literarios de alto vuelo. Ni siquiera es preciso empezar mecánicamente por el comienzo y someterse al orden riguroso de los folios.