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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO La princesa Essianne permanecía sentada al lado de su madre, mirándola con preocupación. Advertía su nerviosismo por la tardanza de su esposo, el rey Boldeo. No la podía comprender, siempre atenta hacia los demás, sin preocuparse de sus propias desgracias, de esa enfermedad que la consumía lentamente. Pocas veces la había visto quejarse de sus aflicciones. Leves gemidos de vez en cuando, pero no palabras de angustia o de desdicha. La princesa era bellísima; de melena corta y rizada, adornada por un vistoso recogedor de pelo enteramente enjoyado, guardaba en su cuerpo la conjunción de la antigua sensualidad de su madre con la fuerza y la agilidad de su padre. Por eso casi siempre vestía su cuerpo con pantalones, pues no cesaba de montar a caballo, correr y adiestrarse en el manejo de armas sólo permitidas a los varones. Ahora, para su desgracia, tenía que guardar las formas, y por ello llevaba un precioso vestido verde que parecía simular un campo repleto de flores, éstas bordadas hábilmente por las costureras del palacio. Pero aunque no lo hubiera llevado, Essianne no perdía su encanto; al contrario, sus poses de amazona aún la hacían mucho más atractiva que los falsos ademanes que tenía que utilizar ante los nobles que acudían a las fiestas organizadas por sus padres. Volver a la página del libro |
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