LUCRECIA Y LA RATA


Lucrecia y la rata
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por Antonio Pavón
Libros En Red, 2006
COLECCIÓN: Novelas (vea otros libros de la misma colección)

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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

Anochecía. La rata asomó el hocico por entre las dos macetas agrietadas, tras las cuales se camuflaba el agujero por donde había salido. Era una temeridad. Ni siquiera ella misma sabía por qué se arriesgaba tan tontamente. Los recientes acontecimientos deberían haberla persuadido de una vez por todas de que no valía la pena volver a ese lugar. En ese sentido, más que rata era burra. Ella no tenía hogar; a lo mejor alguna vez lo había tenido o creído tener, pero estaba fuera de duda que aquel corral no lo era.
¿Se trataba entonces de una mera costumbre que se resistía a abandonar? Estaba vieja y con los años aumentaba el apego a la rutina. Arrugó el morro y pensó que ésa era una buena explicación para un humano. O, como mucho, para los conejos. E igual que a éstos le iba a pasar a ella si seguía persistiendo. Le habían contado (ella no había puesto nunca los pies en el campo propiamente dicho) que estos animales iban a excretar siempre al mismo sitio. Algo que de puro estúpido resultaba increíble. Esta fijación los convertía en presa fácil. El cazador los esperaba agazapado cerca del cagadero y a la hora en que iban a hacer sus necesidades, una perdigonada los tumbaba en mitad de sus cagarrutas. La verdad es que no podía concebirse una muerte menos gloriosa.
Pues así podía acabar ella (a excepción del detalle de los excrementos), si se empecinaba en volver a ese corral. Ella estaba convencida de que en cuanto se lo propusiera dejaría de venir y asunto zanjado. Ahora bien, mientras se decidía, corría el albur de que acabasen con ella. De hecho, ya lo habían intentado. ¿Qué ganaba con exponerse de esa forma insensata? Desde luego, no tenía derecho a burlarse de los conejos.

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