No fue tan descabellada la primera idea cuando llegué a la conclusión de que mi "solución" debía ser culto, educado, limpio, elegante, delicado, intuitivo, cariñoso, dulce, tierno, apasionado, erótico, sano, pornográfico, sensible, epicúreo y... hermafrodita. Un intersexual podía reunir todas estas cualidades y saciar mis anhelos haciendo que desapareciesen mis titubeos y dudas pero sobre todo el miedo a una cosa tan irrelevante como era mi desfloración. Sensual, voluptuoso y que estuviese dispuesto a llevar a cabo esta insólita experiencia. Lo verdaderamente difícil era encontrar semejante espécimen y no por su sexualidad ambivalente sino por las muchas cualidades que debía poseer. Si lo miras bien cualquier hombre no deja de ser un intersexual rudimentario. Repasando concienzudamente mi círculo de amistades y conocidos no era capaz de ver una salida hasta que, agotadas las posibilidades, la "casualidad" vino en mi ayuda.