LA ROSA DE LOS VIENTOS


La Rosa de los Vientos
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por Ismael Escrivá
Libros En Red, 2007
COLECCIÓN: Ciencias Espirituales y Esotéricas (vea otros libros de la misma colección)

Edición Electrónica
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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

Para un momento de cavilar e intenta fijarte en algo. No dejarías de observar en tu interior, aunque te exportases el objeto de tu atención, de manera, que lo que observases no deja de ser una imagen que recoge la mente.
Depende de la mente que mantengas la atención o que se exponga a todas las influencias. Debes considerarla una lente que intentase fijarse en algo que comparte estado inmaterial, al sacar del pensamiento, todo lo que allí se queda. Al ser evidente que si se quedase algo, ésta además de lente es como un recipiente. A eso se le denomina memoria, y ahora intenta acordarte de cómo se construye una lengua, y debes sacarla  y debes saborear lo que da gusto, que sin su mejor saludo, no soltaría la lengua el Ser que habita en un estado, que declaro haber visitado, confiado en el espíritu, artilugio que sirve de herramienta, y en serio, que su mismísima silueta es idéntica a un cuerpo y su mismo acento es como un pensamiento cuando éste retiene la voz de la conciencia.
Aprende a mirar en tu interior, a escuchar lo que pasa y a sentir el soplo del viento, que debo estar diciendo que un viento es algo que viene de algún lado; atento a las cosas que no tienen explicación si te sientes bien mirando algo, o que te sientas a gusto escuchando un soplo, de algún modo expelido desde un sitio, que miro en el interior, y allí seguro que establece su doble sentido el tendido espíritu que dirige tu vida.
Escucha lo que dice tu mente cuando intentas poner término a ciertos desordenes. Conduce siguiendo las señales y no intentes saltar el semáforo, que distingo evidenciando, pues suficientes señales se aprendieron, y por poco me imagino que cuando la luz se enrojece, debo parar la mente, y no parar, sino establecerme en la espera, y esperaría un cambio de luces, y sobre seguro, antes de seguir, seguiría mirando para ver si el de al lado reconoce las señales, pues todos aunque tengamos espíritu, a veces algunos están sordos o solamente ignoran las claras luces, o las desarrollan según sus miras; y desearía que las ideas no se enfrentasen en un cruce de caminos, debidamente señalado, pero debo aclararos que el que no se aclara es el propio espíritu.

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Hace un tiempito hablábamos de los seudónimos, esos nombres de fantasía que los autores eligen, por distintos motivos, para enmascarar su identidad...