LA CARTA ROBADA


La carta robada
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por Edgar Allan Poe
Libros En Red, 2000
COLECCIÓN: Cuentos (vea otros libros de la misma colección)

Edición Electrónica
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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

–Si se trata de algo que requiere mi reflexión –observó Dupin, absteniéndose de dar fuego a la mecha–, lo examinaremos mejor en la oscuridad.

–Esa es otra de sus singulares ideas –dijo el prefecto, que tenía la costumbre de llamar “singular” a todo lo que estaba fuera de su comprensión, y vivía, por consiguiente, rodeado de una absoluta legión de “singularidades”.

–Es muy cierto –respondió Dupin, alcanzando a su visitante una pipa, y haciendo rodar hacia él un confortable sillón.

–¿Y cuál es la dificultad ahora? –pregunté– Espero que no sea otro asesinato.

–¡Oh! No, nada de eso. El asunto es muy simple, en verdad, y no tengo duda que podremos manejarlo suficientemente bien nosotros solos; pero he pensado que a Dupin le gustaría conocer los detalles del hecho, porque es un caso excesivamente singular!...

–Simple y singular –dijo Dupin.

–Y bien, sí; y no exactamente una, sino ambas cosas a la vez. Sucede que hemos ido desconcertados porque el asunto es tan simple, y, sin embargo nos confunde a todos.

–Quizás es precisamente la simplicidad lo que le desconcierta a usted –dijo mi amigo.

–¡Qué desatino dice usted! –replicó el prefecto, riendo de todo corazón.

–Quizás el misterio es demasiado sencillo –dijo Dupin.

–¡Oh! ¡por el ánima de!... ¡quién ha oído jamás una idea semejante!

–Demasiado evidente por sí mismo.

–¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!... ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! –reía nuestro visitante, profundamente divertido– ¡Oh, Dupin, usted me va a hacer reventar de risa.

–¿Y cuál es, por fin, el asunto de que se trata? –pregunté.

–Se lo diré a usted –replicó el prefecto, prefiriendo un largo, fuerte y reposado “¡puf!”, y acomodándose en su sillón–. Se lo diré en pocas palabras; pero antes de comenzar, le advertiré que este es un asunto que demanda la mayor reserva, y que perdería sin, remedio mi puesto si se supiera que lo he confiado a alguien.

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