Toda historia, por muy real que sea, una vez se hace palabras se transforma, gracias al sutil toque existencial del pensamiento, en un cuento.
No creas en cuentos, no veas el mundo a través de las palabras. Siente el momento existente y profundiza en él. Eternamente, me encontrarás tras la cortina del espejo del pensamiento, prisma de construcción personal a través del cual accedéis y dais forma a mi ser, la Realidad.
Reconocer la Verdad y recuperar vuestra libertad.
Mientras tanto, como espejo de tu propio ser que es el pensamiento, cuida su orientación.
Si lo orientas hacia la Luz, eso reflejará alumbrando tu camino -que no te ciegue el brillo-. Si lo orientas hacia la oscuridad -le das la espalda a la luz-, te obligas a Despertar y convertirte tú mismo en Luz, o hasta a ti mismo destruirá, después de dañar a cualquiera que te ame en verdad.
Se puede proteger el ego sin ser egoísta -sano, gozoso y equilibrado- o se puede ser simplemente egoísta -esclavo de ti mismo y de la consecución de tus caprichos a costa de tu propio bienestar-.
Tres puntos básicos de la respiración interior libre
Estos tres puntos básicos se pueden resumir en uno: simula que estás muerto lo mejor que puedas y te darás cuenta de que con la muerte del cuerpo no concluye la vida.
Otra forma de indicar el objetivo del ejercicio sería: "Tumbarte relajadamente y observar conscientemente cómo tu cuerpo respira por ti".
Tu cuerpo es el que tiene la información correcta, exacta e instantánea de todas tus tensiones musculares, por mínimas que sean, aunque de la mayoría tú seas inconsciente. Conoce la cantidad de oxígeno, dióxido de carbono y demás sustancias que circulan por tu sangre en todo momento, etc., etc.
Ya que ahora es el cerebro y sus mecanismos donde depositáis el "misterio", en lenguaje neurofisiológico sencillo sería "devolver conscientemente el regulado de tu respiración al Sistema nervioso Vegetativo", que es el que dispone, actualizados, todos los datos internos mencionados y otros muchos que gracias a Dios no tenemos que regular conscientemente, pues sino, no podríamos dedicar nuestra mente a otra cosa.