Agosto era de cuerpo minúsculo y patas largas, claro que fue creciendo, puedo asegurar que hoy impresiona. Quizás (y remarco el "quizás" porque no se, si no fue una suerte lo que pasó) no debí intentar meterlo en esa pecera. En realidad no era una obsesión tenerlo en cautiverio, sólo se trató del tema: comodidad. El baño es cómodo para ciertas cosas, pero no para visitar ni llevarle de comer a una mascota.
Estaba nervioso, debo admitirlo, el día que decidí hacer el traslado. Un gran problema me acució. ¿Cómo hacer para no lastimarlo?, no era cuestión de provocar un desastre.
Al final lo resolví usando una hoja de cartón bastante rígido. La teoría era la siguiente: tomaba la hoja de uno de los extremos a modo de paleta playera y arrancando tela y todo, con Agosto ya sobre la hoja, usaría a la misma como tapa de la pecera. Perfecto, me halagué.
No se porqué reaccionó así. Se debe haber sentido atacado, aunque mi principal idea, y esta la pensé en segundos mientras tironeaba de la tela, fue que al sentir el tirón en su trampa, creó que era su nuevo alimento.
La única verdad era que, con armoniosa rapidez caminó a lo largo de la hoja y trepando a mi mano, me hizo entender que yo sería su nueva víctima. Ni siquiera atiné a golpearla, tan rápido sentí el pinchazo, tan veloz subió a mi cuello que para qué contar más. Puedo dar fe de esa corrida mortal.
Me desplomé y ya en el piso semi inconsciente la vi trabajar, enérgica, yendo y viniendo por todo mi cuerpo, envolviendo a su amo con esa tela pegajosa, una especie de lana de vidrio. Fui sintiendo adormecerse cada una de mis extremidades hasta desmayarme por completo. Ahora no me queda más remedio, aunque tal vez suene gracioso, que admitir que yo sólo me envolví en este asunto.
No sé cuánto tiempo pasó. Al recuperar la conciencia me sentí como se habrá sentido Gulliver en Liliput. Me asuste mucho al ver las marcas rojas en mi brazo.
Demostrarle a Agosto quién mandaba realmente, era lo sensato. Y así fue que quise erguirme, comprobando que lo único que respondía a mis órdenes era mi cabeza.