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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO REY ENRIQUE: ¡Oh cielos! ¡Si pudiera leer el libro del destino y ver las revoluciones de los tiempos allanar las montañas, y el continente, cansado de su sólida firmeza, fundirse en el mar! ¡O, en otras épocas, la húmeda cintura del océano ensancharse hasta aislar el cuerpo de Neptuno! ¡No poder ver todas las ironías de la suerte y de cuantos licores variados la fortuna llena la copa del azar. Si todo esto pudiera verse, el joven más feliz, viendo el camino a recorrer, querría cerrar el libro, tenderse y morir. No han transcurrido diez años que Ricardo y Northumberland, grandes amigos, se regalaban juntos; dos años después, estaban en guerra. Sólo hace ocho años, ese Percy era el hombre más cerca de mi alma; como un hermano me ayudaba en mis trabajos, ponía a mis pies su amor y su vida y hasta iba, por mi causa, ante los ojos mismos de Ricardo a arrojarle un cartel. ¿Pero cuál de vosotros estaba allí? (A Warwick). Vos, primo Nevil, lo recuerdo; cuando Ricardo, con los ojos llenos de lágrimas, vilipendiado e injuriado por Northumberland, dijo estas palabras, que el tiempo ha hecho proféticas: Northumberland, tú, la escala por la que mi primo Bolingbroke sube a mi trono (el cielo sabe que no tenía entonces tal intención; pero la necesidad inclinó tanto el Estado, que la grandeza y yo nos vimos compelidos a besarnos); ¡el tiempo vendrá, continuó, el tiempo vendrá en que este crimen odioso, formando absceso reventará en corrupción! Y siguió hablando, profetizando los sucesos de esta época, y la ruptura de nuestra amistad. Volver a la página del libro |
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