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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO La Bruja de la Montaña miró hacia la Luna sabiendo que apenas quedaba tiempo para contar una de todas las historias que podrían contarse sobre el Mundo del mensajero; sabiendo también que su tiempo, el de ella, que era tiempo profundo, podría extenderse lo suficiente si ese era su deseo... lo suficiente, pero no más allá de los minutos o las horas que recorriesen sus palabras, no más allá del espacio que abarcaban sus manos, no más allá de los pasos que anduviesen sus pies; después, la Muerte vendría a la Montaña. La Muerte vendría, ya que siempre lo hace cuando un hombre está perdido entre sus muchas sendas, cuando un hombre se descubre solo en la noche y además se desencadena una tormenta. Fue entonces cuando la Bruja de la Montaña mandó una plegaria, rezó un mensaje y lo envió a expandirse a través de las edades, a través del silencio, a través de la oscuridad y de las estrellas; lo envió confiando en que llegaría hasta Hathor, la Señora del Río, la Señora del Agua, aquella que, si así lo desea y es pertinente, puede negociar con la Muerte una vez por una vida. |
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