Atua calló entonces y se levantó, y descendimos con nuestros Padres por la ladera hasta el acantilado. Y he aquí, que una rara almeja flotaba en el cielo, a gran altura sobre nuestras cabezas. Y Atua y Nua?atua tocaron la frente de cada uno de nosotros, y se despidieron. Y a Motai dijeron: ?A ti, Motai, que has confiado en nosotros sin conocernos, confiamos ahora el resguardo de los Grabados, y la guía de tu pueblo. Y ha de recordarte tu posteridad como Hotu Matu?a, porque serás el primer padre de un gran linaje.? Y todos nosotros sollozábamos, no deseando que se fuesen, porque nuestros huesos estaban quebrantados y no podíamos pronunciar palabra ni dar paso alguno. Entonces vimos a la gran almeja descender del cielo, con fulgores de estrellas en su vientre. Sentimos un gran estruendo, y un viento huracanado que nos llenó de espanto, pues la tierra misma temblaba bajo nuestros pies mientras la almeja descendía. Y he aquí, que un suave silbar, como una brisa, llenó el lugar, y terminó el estruendo. La almeja se entreabrió y tomó la forma de hendidura de mujer. Nuestro Padre y Nuestra Madre de los Cielos desaparecieron en medio de una luz, y no los vimos más. Este es el relato de la Gran Visión de los Cinco Padres y las Cinco Madres de los Hijos de los Confines de la Tierra.