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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO -¡Márchese, escóndase! -dijo con aquel tono profundo. Era terrible. Miré a mis espaldas. Estábamos a unas treinta yardas de distancia de la fogata más próxima. Una figura negra se levantó, cruzó en amplias zancadas, con sus largas piernas negras, levantando sus largos brazos negros, ante el resplandor del fuego. Tenía cuernos... una cornamenta de antílope, me parece, sobre la cabeza. Algún hechicero, algún brujo, sin duda; tenía un aspecto realmente demoníaco. |
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