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A LA LUNA, A TI, MI CIELO, Y A MIS QUERIDAS ESTRELLAS
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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO
Qué hermosa es la historia al sentirla más que al vivirla. Se percibe la gloria y se presiente cualquier cosa con el hechizo que lo no presente regala, que lo que no se hizo procura. Tu vida se viste de gala y en el alquiler con cura de sentimientos ajenos los pensamientos vuelan por la intuida pista que las quimeras desvelan. Y si te fuiste jamás te perdí porque adonde vas contigo fui. Y aunque en la revista de tus noticias tus caricias emocionen a otros, conmigo se esconde tu pasión. Y aunque otros sean los querubines de la ilusión que reinan en tu cielo, son mis fantasías las que mejor peinan el pelo de tu existencia.
En el albor de los romances los más armónicos afines quedaron afónicos por hallar percances tan felices como el mío. Y quizás en nuestro cuento nunca comamos tú y yo perdices, quizás jamás compartamos nuestras manos, pero este precioso encuentro no tuvo vanos retoques, pues desde todos los enfoques y desde lo más adentro de mi ser fue, es y será un fascinante suceso, un emocionante beso del destino que así me vino. Amarte será mi leyenda y aunque en ello no obtenga prenda alguna aquello que venga vendrá cual luna llena, colmando mi cielo de espléndidas estrellas. Pues amando levantan el vuelo las cándidas amapolas y con el viento cantan su devoción al trigo. ¿Y no es mi canción aliento de mi paseo contigo? ¿Y no rompen las olas del mar de mis cantares en el dorado altar que tallan tus andares?
Callan mis sentidos al verte pasar y en los hangares perdidos donde los amantes atienden ya no se pierden mis odas, pues en la seguridad que amaga el después he dibujado el trazo, he mezclado el cántico que apaga nuestro abrazo, las bodas de Romeo y Julieta, las nupcias del romántico Gerard y la tentadora Dora. Y leo mis argucias y con sonriente y nada inquieta señal me afirmo que no hago mal, que aquel que miente para su perdón no enfada su salvación. Y firmo, te firmo en la inconsciente mente y quedas mía, aunque no puedas, quedas mía. Por ti he amado, mas tu esencia prohibida me convierte en reo para mi conciencia. Toda mi vida exclama por tenerte. Y te veo y mi alma se acomoda en su prisión y te llama con pasión, y te llama, y te llama... Son tus ojos las rejas que aprisionan mi mirada. Al son de mis quejas mis labios entonan el nombre de mi amada. Soy hombre con pasos cojos pero en mi corazón hospedo un credo que me hace fuerte, muy fuerte. Y si en mi razón no reside la suerte que impide los ocasos de mis penas, no sufre el plasma que corre por mis venas, pues más bien se entusiasma al encontrar quien lo enamora, la dama que adora.
Fluyen las palabras e inundan la pantalla. Huyen los tormentos y parece que ya nada falla, pues en los asientos de cada espera crece aquella certeza que en el anhelo reza con pujante celo. Y la idea sella la verdad que mece las vacilaciones y en la era del instante las ilusiones matan la realidad y te atan. Te atan con los lazos de un porvenir sublime, te atan mis brazos y en la fusión del beso eterno se redime mi culpa. Y mi espeso ir se mancha de tierno aguardo y te guardo con apego, porque en la cancha donde mi futuro nace yo te pego con la cola de los sueños. Y en ellos pace el más puro de los empeños y los bellos cantos que asesinan los llantos eliminan la hora del "hasta luego". Así, mi ego se pasta de universo y vuelve a recitar el verso que para ti dispara y brinda sin embudo y con amor mi más querido saludo: "Hola, mi Dora, hola, mi linda flor".
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