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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO Despertó con un sobresalto y con la mirada entreabierta intentó descifrar los contornos enrevesados que se le ofrecían. Cautivo aún en los parajes violentos del sueño, parpadeaba y veía como la cara asimétrica de su persecutor iba, en un fondo brumoso, confundiéndose con la odalisca al óleo de Consuelo, colgada en el ala derecha del cuarto. Raspó las legañas de sus ojos en tanto huía. La fisonomía aberrante de aquél otro mundo se superponía bruscamente devorando las alucinantes imágenes oníricas. Las vívidas visiones fantásticas iban siendo transfiguradas en difusos espectros que acabaron por esfumarse en el vacío, descubriendo el misérrimo paisaje del cuartucho. Cavernas cibernéticas fueron reemplazadas por oscuras y estrechas habitaciones; luces incandescentes de varios colores por tenues haces dorados que se proyectaban diagonalmente sobre el piso desconchado; el ajetreo efervescente del recinto electrónico por la pasmosa y casi desesperante calma de su covacha; la compañía verdaderamente solidaria de su clan por la más absoluta indiferencia humana. Elevó sus ojos hacia el techo despostillado y desconsolado volvió a cerrarlos violentamente. Enredado entre las sábanas, gustó un sabor acibarado que pervivía en su boca a causa de la embriaguez farragosa de la noche anterior. Se despabiló templando sus brazos y libertando bovinos gemidos. Plenamente consciente, rememoró los pormenores del sueño. Volver a la página del libro |
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