Es posible decir que, en relación con la lengua, hay dos posturas clásicas: una, que podríamos llamar prescriptiva, apoya la existencia de un órgano académico que establezca los buenos usos; otra, la descriptiva, supone que los teóricos del lenguaje deben dedicarse exclusivamente a relevar nuevos empleos del idioma, interpretar cambios y comprender cómo se relaciona la capacidad de expresión con el pensamiento. Para esta corriente, la lengua está bien tal como está; lo único que debe hacer es cumplir los objetivos comunicativos que los hablantes le imponen. No hay "corrección" que se le pueda exigir.
A usted, ¿le parece que hay que defender la lengua de los cambios que pretenden afectarla (provenientes de lenguas extranjeras, de jergas grupales, neologismos, etc.)? ¿Está de acuerdo con su sometimiento a un organismo fuertemente normativo? ¿O, por el contrario, supone que el lenguaje debe estar librado a la evolución espontánea, que responde -en definitiva- a las nuevas necesidades expresivas de los hablantes?
En pocas palabras, ¿cree que hace falta una institución prescriptiva para nuestro idioma español?