Este cuento narra la vida de una gatita siamesa desde su nacimiento en un hogar cualquiera, la separación traumática de su madre y las aventuras y desventuras que vive y sufre a partir de entonces. Es tan pequeña, y las situaciones que sufre y su miedo a lo desconocido son tan grandes, que hay momentos en los que decide dejarse morir; pero es entonces cuando recuerda el consejo de su madre, de que debe dejarse llevar por sus vientos. Y así, obedeciendo a su madre, consigue sus propósitos.
El cuento es un canto a la vida y a la familia, expresado no sólo en la alegría de vivir de la mamá siamesa y sus hijos, sino también en la que desborda de la familia sin nombre en la que viven y que juega con ellos y los acarician. Desechará, por tanto, la engañosa seguridad y libertad que proclaman poseer los gatos callejeros, o la vida regalada que le prometen otros bichos peligrosos. En el corto camino de su vida, y a golpes, descubre que existen seres malos y buenos; y, en ese camino, conoce el valor de la amistad bien entendida. El relato despliega un mundo de dos planos: uno en el que viven las personas y sus circunstancias; y el otro, el de los animales: lleno de sonidos, imágenes nocturnas, y movimientos, al que el ser humano no tiene acceso, y en el que también hay significados, miedos, envidias, celos, maldad, tristeza, dolor y soledad. Este cuento despierta la sensibilidad, la ternura por los animales y los seres indefensos; enseña el valor de la amistad, a distinguir entre el bien y el mal, y estimula el cultivo de los valores morales.
Este libro es fruto de una visión de la autora. Es el resultado de un mandato de Dios, de la obediencia de ella y, sobre todo, de la sabiduría divina.
Fue un día cualquiera de septiembre de 2001; había madrugado mucho, como de costumbre, y ella se disponía a desayunar tras la oración y la lectura de la Palabra. Pero cuando estaba sentada a la mesa, y antes de probar bocado, Él la llevó mentalmente a un escenario bien distinto del de su cocina y le mostró lo que habría de sucederle en los siete años y medio siguientes. Ante sus ojos desfilaron personas que ella entonces no conocía pero luego tendrían un papel decisivo en su vida; sucesos y fenómenos que ella no sabía siquiera que existieran, y palabras que la llenaron de esperanza. La visión se produjo dos veces seguidas, exactamente de la misma manera.