
Es médico especialista en cirugía general y traumatología y ortopedia. Es profesor en la Escuela Internacional de Sofrología Médica, presidente de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI) y miembro del Comité de Bioética de España.
Fue diputado en el Parlamento español (1982-1996), donde se desempeñó como presidente de las comisiones de estudio de reproducción asistida, y de investigación científica y desarrollo tecnológico. Además, presidió el comité de bioética y presentó varios proyectos de ley.
Es autor de Deporte y salud, Legislación española y Consejo de Europa, Reproducción asistida, Discurso y recurso, Sofrología médica y deporte y Lesiones crónicas de los discos cervicales, entre otros libros. Además, es coautor de muchas obras, Bioética 2000. Fue proponente y ponente de la Convención de Asturias de Bioética (Consejo de Europa) y autor de trabajos como Evolución y violencia: la sociedad cautiva, El nuclóvulo y Consideraciones sobre la eutanasia. Es miembro del consejo consultivo y de la redacción de varias revistas.
Participó en conferencias, cursos y congresos, tanto nacionales como internacionales. Ganó la Orden Civil de Sanidad, la medalla pro-mérito del Consejo de Europa, el premio a la creatividad en el Parlamento, la medalla de plata del Principado de Asturias, la medalla de plata del Colegio de Médicos de Madrid y el premio Severo Ochoa de Aula de Paz. Además, es hijo adoptivo de ciudad de Gijón y miembro de la Fundación Foro Jovellanos.
En este libro, Marcelo Palacios considera necesaria y procedente la elaboración y aprobación de una ley despenalizadora de la eutanasia y del suicidio asistido, basándose en la dignidad de la persona y en el respeto de los derechos humanos. Aportando numerosas fuentes argumentales y una gran casuística, señala los requisitos y contenidos principales que habrá de tener en cuenta esa ley, en relación con la modificación precisa de los testamentos vitales, la negativa del paciente a recibir un tratamiento o la suspensión del tratamiento por parte de los médicos para no incurrir en ensañamiento terapéutico, así como las opciones alternativas que obligatoriamente deben ofrecerse a los pacientes.
Ante todo, el autor pone énfasis en la dignidad y la libertad de las personas enfermas para decidir sobre su modo de morir, sin que el caso de la eutanasia o el suicidio asistido castiguen a los facultativos/cooperadores necesarios que solidariamente los ayuden. Insiste en que la decisión de afrontar la muerte según las convicciones propias es tan digna como cualquier otra.