Soy profesor de guitarra clásica, y con esta ocupación me he medio ganado el pan hasta ahora. Sin embargo, música y literatura tienen mucho en común: si de fondo hablamos una emotividad más o menos palmaria; si de forma compás, cadencia, pero relajada, sin convencionalismos: a alguien le habian dicho que las comas eran el respirar de las frases, y llenó su escrito de aquellas; se había sentado en su escritorio recién acabados sus ejercicios físicos diarios. Imaginar es una forma de ensanchar la vida, pero es un engordar sin grasa y no me gusta la anorexia.