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Boletín de LibrosEnRed Nº 95
 19 de diciembre de 2008
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"No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen,
y escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos,
dando a cada una de ellas una vida insustituible."

Clarice Lispector (1927-1977), escritora brasileña 


En este número:

01


 

Otro año más llega al final, donde nos espera Navidad. Uno querría dedicar las energías que le quedan a alcanzar medianamente entero el 31 o a realizar el balance de lo que fue este año y de lo que queremos para nosotros en el que viene. Pero lo que se impone en estos días es dejar de lado toda otra tarea que no sea preparar los festejos inminentes y ocuparse del ritual -que, a esta altura del mes, con el hormigueo humano en los centros comerciales y las largas colas en cada negocio, se vuelve fatigoso y agotador- de la compra de regalos.

Nosotros nos hemos adelantado a esto a ver si podemos ayudarlos. Por un lado, con una opción original y simple para hacer regalos. Les ofrecemos la posibilidad de regalar a sus seres queridos y conocidos alguno de los libros de LibrosEnRed. Se trata de libros que son gratuitos para usted y que usted puede enviar al correo electrónico de quien desee en cuestión de minutos solamente. Contamos con decenas de títulos, la mayoría de ellos, clásicos de la literatura, que ofrecemos en formato ebook o audiolibro. Para investigar esta posibilidad (y tenga en cuenta que puede regalar todos los libros que desee y a cuantos desee) sólo tiene que ingresar aquí y seguir las sencillas instrucciones.

Pero además pensamos en otra cosa. Inspirados en el tema de los regalos, armamos un obsequio para ustedes que está compuesto, de algún modo, de pequeños regalos, es decir, de reconocimientos de los autores a quienes inspiraron de una forma u otra su libro: una antología de dedicatorias

Entre otras cosas que aparecen en las citas de la antología, las dedicatorias son formas delicadas de la gratitud y anticipos del talento del autor para valerse del lenguaje. Pocos escritores se sustraen al encanto de dedicar su libro y por eso es que la historia de la literatura está llena de dedicatorias memorables. Nosotros recopilamos algunas de ellas. En la sección de Recomendados, encontrará el ebook de regalo.

¡Que disfruten mucho lo que queda de este año y comiencen de la mejor forma el 2009!

Editorial LibrosEnRed


02

 

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     La parrilla invertida (el corazón de Felipe II)


     Mariano Rivera Cross
    
     Novela histórica


A través de la fusión de un punto vista omnisciente, que cuenta linealmente la fábula, y la primera persona del propio Rey que en su diario personal revela su mundo interior -comenzado en su vejez en el retiro de la Real Basílica de San Lorenzo-, la novela expone al lector la visión profunda de los tormentos y complejos personales del monarca Felipe II desde el nacimiento hasta la muerte. Se destacan los capítulos que narran los amores del monarca con su amante Isabel de Ossorio.

Esta novela, eminentemente psicológica, aporta al mundo de la ficción y de la historia el esclarecimiento de los motivos de Felipe II para construir la Real Basílica de San Lorenzo en la sierra de Guadarrama a los pies del monte Abantos -en detrimento de la finca del Quexijal, donde querían los frailes jerónimos-, a pocos kilómetros de la Torre de los Ossorio, donde edificó aposentos reales y casa con patio toscano para retiro y descanso de los hermanos jerónimos. Su fin era el de estar cerca de su verdadero amor y sostén psicológico.

La narración está fundamentada rigurosamente en los datos de decenas de libros y cientos de artículos, entre los que destacan los pertenecientes a Alexandre Parker, Henry Kremen y los del profesor de Historia Moderna de España en la UNED de Madrid, especialista en Felipe II, Gregorio Sánchez Meco.

Mariano Rivera Cross nació el 11 de octubre de 1945, en Jerez de la Frontera, provincia de Cádiz (España). Es licenciado en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha llevado a cabo estudios de Arte Dramáticos en la RESAD de Madrid. Es catedrático de Lengua y Literatura Españolas en Instituto de Enseñanza Secundaria "Padre Luis Coloma" de Jerez de la Frontera.

Ha publicado los siguientes libros de poesía: Siluetas Verticales (Colección El Ermitaño. El Puerto de Santa María, 1996) y Dioses y héroes en retirada (Premio de Poesía Tomás Morales 2006. Departamento de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2007); los libros de teatro Offmóvil I. Añicosmos y Entremesiglos (Ed. Altazor, Lima, 1999), Offmóvil II. Añicosmos y Entremesiglos (Ed. Altazor, Lima, 2001) y Offmóvil III. Añicosmos y Entremesiglos (Ed. Altazor, Lima, 2002), y la novela Dulce virus de la transición (LibrosEnRed, 2004). Asimismo, es autor de una larga lista de libros de poesía y novelas aún inéditos.

 

tapa


     Cuando estuvimos muertos. Abusos sexuales en la infancia

     Joan Montané

     Psicología, Psiquiatría y Psicoanálisis  


Si has sufrido abusos, es posible que al leer estas líneas sientas unas punzadas en el estómago. Quizá lo recuerdes bastante bien... y no tengas interés alguno en revivirlo. Es demasiado incómodo y turbador. Prefieres creer que no te ha afectado y que tu vida es tan normal como la de cualquier persona.

Si no has sufrido abusos, puedes pensar que este no es tu problema y que nada tiene que ver contigo...

La cuestión es que una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres han sufrido abusos sexuales en su infancia. ¿A cuántas personas de esas conoces?

Joan Montané Lozoya nació en Barcelona en 1962. En el 2001 adquirió plena conciencia de haber sido víctima de abuso sexual infantil así como de las graves secuelas que ello comporta. A partir de aquel momento no sólo se preocupó de su propia recuperación, sino de investigar a fondo un asunto sobre el cual existe una escasa información así como pocos recursos dirigidos a las personas adultas sobrevivientes de A.S.I.

Sus experiencias y las de tantos compañeros confluyen en este libro, tan duro como inevitable, pero también esperanzador, pues nos demuestra que siempre hay una luz al final del túnel.



Libro de regalo:

Palabras dedicadas   tapa
Cómo agradecen los escritores a quienes inspiran sus libros


Antología de dedicatorias que merecen su propio volumen.

(Se trata de un archivo LIT, que se abre con el programa Microsoft Reader; si aún no lo tiene, este programa puede bajarse gratuitamente de: http://www.microsoft.com/reader/es/downloads/pc.asp)


... ¡que lo disfruten!

 


¿Usted también escribe? Poesía, ensayo, relatos, novelas...
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3. Foros
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Como verán en la antología, las hay afectivas; las hay a personas reales, imaginarias o ya desaparecidas; las hay animadas por el deseo de agradecer, de enaltecer o de desafiar. Hay muchas clases de dedicatorias, pero ¿cuáles son sus preferidas o aquellas que le resultan dignas de destacar?

En esta sección los invitamos a copiarnos las dedicatorias de libros que les gustaron y a juntar entre todos la antología más grande de dedicatorias dignas de recordar. Por favor, agréguenlas aquí.

 

4. El arte como medio de progreso, por Tolstoi*
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"El arte es, como la palabra, uno de los instrumentos de unión entre los hombres, y, por consiguiente, de progreso, es decir, la marcha progresiva de la humanidad hacia la dicha. La palabra permite a las generaciones nuevas conocer cuánto han aprendido, por la experiencia y la reflexión, las generaciones precedentes y los más sabios de sus contemporáneos; el arte permite a las generaciones nuevas experimentar los mismos sentimientos que han experimentado las precedentes, y los mejores de sus contemporáneos. Y de la misma manera que se verifica la evolución de los conocimientos, cuando los conocimientos reales y útiles substituyen a los caducos, igual se genera la evolución de los sentimientos por medio del arte. Los sentimientos inferiores, menos buenos o menos útiles para la dicha del hombre, son substituidos sin cesar por mejores sentimientos, más útiles para aquella dicha. Tal es el destino del arte. Y, por consiguiente, el arte, en cuanto a su contenido, es mejor cuando mejor cumple aquel destino, y es menos bueno, cuando lo cumple menos bien.

Luego, la valuación de los sentimientos, o sea la distinción entre los que son buenos y los que son malos para la dicha del hombre, es obra de la conciencia religiosa de una época. En todas las épocas históricas y en todas las sociedades, existe una concepción superior -propia de cada época- del sentido de la vida, y ella es la que determina el ideal de felicidad, hacia el cual tienden cada época y cada sociedad. Esta concepción constituye la conciencia religiosa. Y esta conciencia se encuentra siempre expresada con claridad por algunos hombres escogidos, mientras que el resto de sus contemporáneos la sienten con mayor o menor intensidad. Nos parece, a veces, que esta conciencia falta en ciertas sociedades; pero, en realidad, no es que falte, es que no queremos verla, porque no está de acuerdo con nuestra peculiar manera de vivir."
 

*León Tolstoi (1828-1910) fue destacado escritor ruso, autor de obras extraordinarias como Ana Karenina y La guerra y la paz
 
 

05


El...

      24 de diciembre de 1881 nace el escritor español Juan Ramón Jiménez.

      26 de diciembre de 1989 muere Samuel Beckett, poeta, novelista y destacado dramaturgo del teatro del absurdo. De origen irlandés, en 1969 fue galardonado con el Premio Nobel.

      
28 de diciembre de 1932 nace Manuel Puig, escritor argentino, gran innovador de la narrativa por su inclusión de la técnica del pastiche y de registros de clase baja y del interior en el lenguaje de sus personajes. Entre sus obras, se destacan La traición de Rita Hayworth, Boquitas pintadas, El beso de la mujer araña y Pubis Angelical. Este día nacen, además, Pío Baroja (en 1872) y Alberto Moravia, novelista italiano (en 1907). 

      30
de diciembre de 1936 muere el filósofo y escritor español Miguel de Unamuno.

      31 de diciembre de 1878 nace el escritor uruguayo Horacio Quiroga, cuentista y poeta modernista. Escribió relatos de terror y locura, en la mayoría de los casos, ambientados en una naturaleza exuberante (aquí ofrecemos de regalo el audiolibro "La guerra de los yacarés"), como se puede leer en Cuentos de la selva (1918), Anaconda (1921) y Los desterrados (1925).

Quiroga es uno de los primeros autores profesionales (es decir, que intentan vivir de la escritura, que tienen una conciencia clara de que escribir es un trabajo como otros y que se preocupan por mejorar sus condiciones de trabajo, asociándose entre sí y procurando aumentos) del Río de la Plata. Esto queda evidenciado, al menos en lo que respecta a que escribir es un oficio que implica el manejo hábil de ciertas técnicas, pero no mucho más (no habría un aura...) en este texto suyo:

La retórica del cuento

En estas mismas columnas, solicitado cierta vez por algunos amigos de la infancia que deseaban escribir cuentos sin las dificultades inherentes por común a su composición, expuse unas cuantas reglas y trucos, que, por haberme servido satisfactoriamente en más de una ocasión, sospeché podrían prestar servicios de verdad a aquellos amigos de la niñez.

Animado por el silencio —en literatura el silencio es siempre animador —en que había caído mi elemental anagnosia del oficio, completéla con una nueva serie de trucos eficaces y seguros, convencido de que uno por lo menos de los infinitos aspirantes al arte de escribir, debía de estar gestando en las sombras un cuento revelador.

Ha pasado el tiempo. Ignoro todavía si mis normas literarias prestaron servicios. Una y otra serie de trucos anotados con más humor que solemnidad llevaban el título común de "Manual del perfecto cuentista".

Hoy se me solicita de nuevo, pero esta vez con mucha más seriedad que buen humor. Se me pide primeramente una declaración firme y explícita acerca del cuento. Y luego, una fórmula eficaz para evitar precisamente escribirlos en la forma ya desusada que con tan pobre éxito absorbió nuestras viejas horas.

Como se ve, cuanto era de desenfadada y segura mi posición al divulgar los trucos del perfecto cuentista, es de inestable mi situación presente. Cuanto sabía yo del cuento era un error. Mi conocimiento indudable del oficio, mis pequeñas trampas más o menos claras, solo han servido para colocarme de pie, desnudo y aterido como una criatura, ante la gesta de una nueva retórica del cuento que nos debe amamantar.

"Una nueva retórica..." No soy el primero en expresar así los flamantes cánones. No está en juego con ellos nuestra vieja estética, sino una nueva nomenclatura. Para orientarnos en su hallazgo, nada más útil que recordar lo que la literatura de ayer, la de hace diez siglos y la de los primeros balbuceos de la civilización, han entendido por cuento.

El cuento literario, nos dice aquella, consta de los mismos elementos sucintos que el cuento oral, y es como éste el relato de una historia bastante interesante y suficientemente breve para que absorba toda nuestra atención.

Pero no es indispensable, adviértenos la retórica, que el tema a contra constituya una historia con principio, medio y fin. Una escena trunca, un incidente, una simple situación sentimental, moral o espiritual, poseen elementos de sobra para realizar con ellos un cuento.

Tal vez en ciertas épocas la historia total —lo que podríamos llamar argumento— fue inherente al cuento mismo. "¡Pobre argumento! —decíase—. ¡Pobre cuento!" Más tarde, con la historia breve, enérgica y aguda de un simple estado de ánimo, los grandes maestros del género han creado relatos inmortales.

En la extensión sin límites del tema y del procedimiento en el cuento, dos calidades se han exigido siempre: en el autor, el poder de transmitir vivamente y sin demoras sus impresiones; y en la obra, la soltura, la energía y la brevedad del relato, que la definen.

Tan específicas son estas cualidades, que desde las remotas edades del hombre, y a través de las más hondas convulsiones literarias, el concepto del cuento no ha variado. Cuando el de los otros géneros sufría según las modas del momento, el cuento permaneció firme en su esencia integral. Y mientras la lengua humana sea nuestro preferido vehículo de expresión, el hombre contará siempre, por ser el cuento la forma natural, normal e irreemplazable de contar.

Extendido hasta la novela, el relato puede sufrir en su estructura. Constreñido en su enérgica brevedad, el cuento es y no puede ser otra cosa que lo que todos, cultos e ignorantes, entendemos por tal.

Los cuentos chinos y persas, los grecolatinos, los árabes de las Mil y una noches, los del Renacimiento italiano, los de Perrault, de Hoffmann, de Poe, de Merimée de Bret-Harte, de Verga, de Chéjov, Maupassant, de Kipling, todos ellos son una sola y misma cosa en su realización. Pueden diferenciarse unos de otros como el sol y la luna. Pero el concepto, el coraje para contar, la intensidad, la brevedad, son los mismos en todos los cuentistas de todas las edades.

Todos ellos poseen en grado máximo la característica de entrar vivamente en materia. Nada más imposible que aplicarles las palabras: "Al grano, al grano..." con que se hostiga a un mal contador verbal. El cuentista que "no dice algo", que nos hace perder el tiempo, que lo pierde él mismo en divagaciones superfluas, puede verse a uno y otro lado buscando otra vocación. Ese hombre no ha nacido cuentista.

Pero ¿si esas divagaciones, digresiones y ornatos sutiles, poseen en sí mismos elementos de gran belleza? ¿Si ellos solos, mucho más que el cuento sofocado, realizan una excelsa obra de arte?

Enhorabuena, responde la retórica. Pero no constituyen un cuento. Esas divagaciones admirables pueden lucir en un artículo, en una fantasía, en un cuadro, en un ensayo, y con seguridad en una novela. En el cuento no tienen cabida, ni mucho menos pueden constituirlo por sí solas.

Mientras no se cree una nueva retórica, concluye la vieja dama, con nuevas formas de la poesía épica, el cuento es y será lo que todos, grandes y chicos, jóvenes y viejos, muertos y vivos, hemos comprendido por tal. Puede el futuro nuevo género ser superior, por sus caracteres y sus cultores, al viejo y sólido afán de contar que acucia al ser humano. Pero busquémosle otro nombre.

Tal es la cuestión. Queda así evacuada, por boca de la tradición retórica, la consulta que se me ha hecho.

En cuanto a mí, a mi desventajosa manía de entender el relato, creo sinceramente que es tarde ya para perderla. Pero haré cuanto esté en mí para no hacerlo peor.


      2 de enero de 1865 nace Ruyard Kipling, novelista y poeta inglés. Nació en Bombay (1865-1936), y fue autor de relatos de ambientación asiática (El libro de la jungla, Kim). Se lo recuerda como el poeta del imperialismo anglosajón. Obtuvo el Premio Nobel en 1907.

      7 de enero de 1986 muere Juan Rulfo, escritor mexicano, autor de una de las novelas más importantes en cuanto a calidad e influencia posterior de la literatura latinoamericana: Pedro Páramo.

      13 de enero de 1898, el escritor francés Emilio Zola lanzó el Yo acuso en el diario parisino La Aurora, que alcanzó 300 000 ventas. Se trató de una carta abierta al presidente de la República Francesa por una de las víctimas de la intolerancia racial más notoria, Alfred Dreyfus, oficial francés de artillería, de padres judíos. En 1894, Dreyfus era miembro del Estado General francés y fue falsamente acusado de traición y condenado a prisión perpetua.
 
En 1941, muere James Joyce, escritor irlandés.

      18 de enero de 1867 nace Rubén Darío, poeta y escritor nicaragüense. 

      19 de enero de 1809 nace el escritor norteamericano Edgar Allan Poe, quien aplicó sistemáticamente en sus cuentos una técnica de la sensación llevada hasta los límites de lo morboso. Entre sus obras están Narraciones extraordinarias (1840) y El cuervo (1845).

      22 de enero de 1788 nace el poeta inglés George Lord Byron.


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06
 
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