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Boletín de LibrosEnRed Nº 56
 30 de septiembre de 2005
trans

"En realidad, uno no escribe sino un solo libro.
Lo difícil es saber cuál es ese libro que uno está escribiendo."
Gabriel García Márquez (1928), escritor y periodista colombiano


En este número:

01

 

Desde hace unos años -nadie puede determinar la fecha exacta del acto fundacional que lo inspiró-, existe el movimiento "Libro Libre". Impulsado por la organización mexicana Letras Voladoras, este grupo se propone fomentar y compartir el placer de la lectura.

Hasta aquí, nada sorprende: muchas instituciones públicas y privadas planean constantemente acciones con el mismo fin. Lo inédito es la táctica que emplean: la "incitación" a liberar -dejar- un libro en algún lugar público (un autobús, un parque, una cabina telefónica, un centro comercial), con lo que el texto queda, entonces, a la espera de ser encontrado. 

El atento paseante que resulte ser el afortunado podrá tomarlo y retenerlo el tiempo que le lleve su lectura. Después deberá liberarlo a su vez, para seguir con el ciclo. Se sugiere que el donante agregue una dedicatoria al ignoto prójimo que recogerá la obra, aclarando su dirección de correo electrónico con vistas a generar, en algún momento, un grupo de lectura comentada formado por todos aquellos que han participado de la cadena. 

Toda esta propuesta de "liberación" se difunde, principalmente, por correo electrónico. El último llamado globalizado destinado a coordinar las acciones fue para el 21 de septiembre pasado, día de la primavera.

Nosotros queremos sumarnos al movimiento y colaborar con la circulación de libros. Por empezar, dejamos en el apartado que sigue, la novela Criollo, de
Dr. Ignacio Nohuitol C.

Y, además, lo invitamos a usted a poner a circular los libros que desee: ingrese a "Regalar libros" y vea el listado de los títulos con los que puede sorprender a sus amigos, conocidos y queridos. Dese el gusto a sí mismo y a los demás, porque -como dice el proverbio anónimo- el regalo de un libro, además de obsequio, es también un delicado elogio.


Vamos al Acertijo de este mes:

Por 26 votos a favor y 4 en blanco, ingresó
en la Real Academia Española -para ocupar el sillón T- un 23 de enero.

El director de la institución, Víctor García de la Concha, sostuvo que con este ingreso, "se logra un equilibrio entre los tres sectores de la Academia: el de los creadores, el de los lingüistas y filólogos, y el de las ciencias sociales". ¿De qué escritor se trata?

  Si imagina de quién se trata, envíen su respuesta -directamente en el asunto del correo electrónico- a elacertijo@librosenred.com. Si tienen dudas, esperen la próxima pista el martes 11 de octubre, aquí.

Estará participando por dos ejemplares digitales a su elección.

Hasta el mes que viene,

Editorial LibrosEnRed

 

02


Envidia y política en la Antigua Grecia

tapa   

   Colección: Ciencias Políticas

   Autor: Jorge Márquez

         

La Grecia Antigua es un modelo para pensar lo político. Al tratar cuestiones sociales y políticas, los textos clásicos se han referido en innumerables ocasiones a la cuestión de la envidia. Estudiar a los griegos es, en cierta forma, estudiarnos a nosotros mismos; analizar sus pasiones políticas es también conocer las nuestras. Los vínculos entre las instituciones, la competencia partidista y la envidia, tejen una red compleja que, vista en conjunto, nos ayuda a resolver el enigma que enloqueció a la esfinge en Edipo: el hombre.

Jorge Márquez cursa estudios de doctorado en Ciencia Política, es licenciado en Relaciones Internacionales, y obtuvo la Medalla Alfonso Caso por sus estudios de Maestría en Estudios Políticos y Sociales por la FCPS. Ha publicado más de 30 artículos en revistas de Ciencias Sociales y el libro El otro titán: Iván Illich. Desde 2002, es director de Razón cínica, revista electrónica de la FCPS, UNAM (México).


Prance, el último guardián

tapa   

   Colección: Ciencia Ficción

   Autor: Juan Moro
              


En unas pruebas militares, el Pentágono descubre un ovni que no puede abrir. Mark T. consigue hacerlo y descubre que contiene dos terribles secretos que nos llevarán a la extinción.

El ovni está controlado por una inteligencia artificial, la I.A. Lara. Ante la imposibilidad de abrirlo a la fuerza, contratan a Mark T. de la NASA para convencer a Lara de que les permita acceder a su interior. Tras muchos intentos fallidos, consigue que la compuerta de carga acceda a abrirse. Lara contacta con Mark fuera de la base donde la custodian, ya que una vez finalizado su trabajo es expulsado, y le revela la historia de su dueño, la terrible guerra que llevó al exterminio de su pueblo y la amenaza latente de tan implacable enemigo. También le explica que la apertura de la compuerta conllevará la extinción de la vida de la Tierra. La situación se convierte en una cuenta atrás para localizar al tripulante.

La trama de Prance... genera una constante intriga y suspense. La obra está escrita y contada de una forma original -tal y como la contaría una máquina (una I.A.)- y consigue llevar al espectador a otros mundos y civilizaciones.

Juan Moro es realizador de televisión con un Master de dos años en el E.A.E. de Barcelona. Ha trabajado durante diez años como primer ayudante de dirección cinematográfica y guionista en largometrajes, cortometrajes (españoles e ingleses), animación, videoclips y anuncios publicitarios. Se dedica al campo de la ciencia ficción. Ha escrito varias novelas y relatos, y tras la insistencia de sus lectores, decidió publicar esta obra.


Escritos de un buscador de la verdad

tapa                                                                  

   Colección: Religiones, Autoayuda y Crecimiento

   Autor: Dr. Rolando Leal Martínez
               


Para todo buscador del sendero espiritual, la lectura de este libro será como una guía para vivir con mayor plenitud, armonía y paz.

Este libro contiene setenta mensajes recibidos por inspiración. Su finalidad es:

  • Mejorar el conocimiento de nosotros mismos para vivir más plenamente, siguiendo un proceso de superación personal.

  • Invitar al diálogo interior, tratando de establecer una comunicación consciente entre la personalidad y el Yo superior.

  • Tomar conciencia de que existe un cuerpo místico que está integrado por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, cuya misión es servir desinteresadamente a la humanidad y al planeta.

Rolando Leal Martínez, fundador del Centro de Superación Integral en 1988, es arquitecto y licenciado en Psicología, con maestría en Enseñanza superior, maestría en Psicología Laboral y doctorado de Filosofía en Ciencias Holísticas. Diplomado en Hipnosis clínica, Psicohomeopatía, Programación Neurolingüística y Terapias Naturales. Se desempeña como instructor de profesores de Yoga y da cursos de desarrollo humano desde 1988. Es autor de Mejora tu salud con Yogaterapia, Herencia del pasado y El sendero de la paz.


El clásico de regalo

Si las palabras Kenworth, Rolex, tractocamiones y casa de bolsa significan algo para usted, no deje de leer esta ilustrativa y amena novela. Criollo se desarrolla en el norte de España, San Just Desvern y el bajío mexicano, Irapuato y León, Guanajuato.

Es una agradable novela costumbrista llena de anécdotas y refranes relacionados con el medio del autotransporte.

El doctor Ignacio Nohuitol C. economista y profesor universitario. Tiene experiencia profesional en el medio financiero mexicano. Además de Criollo (y Creole, su versión en inglés) escribió Complejos básicos, interesante libro de "desmotivación".
 

tapa

  

  Autor: Dr. Ignacio Nohuitol C.

  Colección: Novelas

 


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Encuesta para los lectores
03



"En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma". Así definía, con pocas palabras, Marilyn Monroe el mundo del cine.

Pero nosotros, inspirados en el listado de las diez frases más destacadas de la historia cinematográfica incluido en El libro Guiness del cine, quisimos recopilar esta vez no frases de famosos, sino frases dentro de películas célebres. Líneas en guiones que -por condensar una verdad universal, por su tono poético o por su impacto emocional- han ayudado a que el film en cuestión se convierta en clásico.

Le proponemos las siguientes frases para que elija sus favoritas:

  • De Casablanca, tres. En voz de Humphrey Bogart: "De todos los cafés del mundo, tuvo que elegir el mío" y "¿Sabes, Louis? Creo que esto es el comienzo de una hermosa amistad". Por su parte, Ilse diagnosticaba: "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos".

  • La que podría ser un resumen de toda Wall Street: "Toda batalla se basa en el engaño. Si tu enemigo es superior, evítale. Si tu enemigo está enfadado, irrítale. Si estáis igualados, combate. Y si no, espera y recapacita."

  • Al Pacino, en El padrino II: "Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos".

  • La de Tom Hanks en Forrest Gump: "La vida es como una caja de bombones: nunca sabes qué te va a tocar".

  • O: "Acabo de conocer a un hombre maravilloso; es de ficción, pero no se puede tener todo", Mia Farrow en La rosa púrpura del cairo.

  • "Cada vez que mato me siento más lejos de casa". Tom Hanks en Rescatando al soldado Ryan.

  • "Puede que hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros", de Magnolia.
     

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04



Una vez determinados así la dimensión, el terreno y el tono de mi trabajo, me dediqué a la busca de alguna curiosidad artística e incitante, que pudiera actuar como clave en la construcción del poema: de algún eje sobre el que toda la máquina hubiera de girar; empleando para ello el sistema de la introducción ordinaria. Reflexionando detenidamente sobre todos los efectos de arte conocidos o, más propiamente, sobre todos los medios de efecto -entendiendo este término en su sentido escénico-, no podía escapárseme que ninguno había sido empleado con tanta frecuencia como el estribillo. La universalidad de este bastaba para convencerme acerca de su intrínseco valor, evitándome la necesidad de someterlo a un análisis. En cualquier caso, yo no lo consideraba sino en cuanto susceptible de perfeccionamiento; y pronto advertí que se encontraba aún en un estado primitivo. Tal como habitualmente se emplea, el estribillo no sólo queda limitado a las composiciones líricas, sino que la fuerza de la impresión que debe causar depende del vigor de la monotonía en el sonido y en la idea. Solamente se logra el placer mediante la sensación de identidad o de repetición. Entonces yo resolví variar el efecto, con el fin de acrecentarlo, permaneciendo en general fiel a la monotonía del sonido, pero alterando continuamente el de la idea: es decir, me propuse causar una serie continua de efectos nuevos con una serie de variadas aplicaciones del estribillo, dejando que este fuese casi siempre parecido.

Habiendo ya fijado estos puntos, me preocupé por la naturaleza de mi estribillo: puesto que su aplicación tenía que ser variada con frecuencia, era evidente que el estribillo en cuestión había de ser breve, pues hubiera sido una dificultad insuperable variar frecuentemente las aplicaciones de una frase un poco extensa. Por supuesto, la facilidad de variación estaría proporcionada a la brevedad de una frase. Ello me condujo seguidamente a adoptar como estribillo ideal una única palabra. Entonces me absorbió la cuestión sobre el carácter de aquella palabra. Habiendo decidido que habría un estribillo, la división del poema en estancias resultaba un corolario necesario, pues el estribillo constituye la conclusión de cada estrofa. No admitía duda para mí que semejante conclusión o término, para poseer fuerza, debía ser necesariamente sonora y susceptible de un énfasis prolongado: aquellas consideraciones me condujeron inevitablemente a la o larga, que es la vocal más sonora, asociada a la r, porque esta es la consonante más vigorosa.

Ya tenía bien determinado el sonido del estribillo. A continuación era preciso elegir una palabra que lo contuviese y, al propio tiempo, estuviese en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema. En una búsqueda semejante, hubiera sido imposible no dar con la palabra nevermore (nunca más). En realidad, fue la primera que se me ocurrió.

El siguiente fue este: ¿cual será el pretexto útil para emplear continuamente la palabra nevermore? Al advertir la dificultad que se me planteaba para hallar una razón válida de esa repetición continua, no dejé de observar que surgía tan sólo de que dicha palabra, repetida tan cerca y monótonamente, había de ser proferida por un ser humano: en resumen, la dificultad consistía en conciliar la monotonía aludida con el ejercicio de la razón en la criatura llamada a repetir la palabra. Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como lógico, lo primero que pensé fue un loro; sin embargo, este fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema.

Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente. Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro.

Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra nevermore. No sólo tenía que combinarlas, sino además variar cada vez la aplicación de la palabra que se repetía: pero el único medio posible para semejante combinación consistía en imaginar un cuervo que aplicase la palabra para responder a las preguntas del amante. Entonces me percaté de la facilidad que se me ofrecía para el efecto de que mi poema había de depender: es decir, el efecto que debía producirse mediante la variedad en la aplicación del estribillo.

Comprendí que podía hacer formular la primera pregunta por el amante, a la que respondería el cuervo: nevermore; que de esta primera pregunta podía hacer una especie de lugar común, de la segunda algo menos común, de la tercera algo menos común todavía, y así sucesivamente, hasta que por último el amante, arrancado de su indolencia por la índole melancólica de la palabra, su frecuente repetición y la fama siniestra del pájaro, se encontrase presa de una agitación supersticiosa y lanzase locamente preguntas del todo diversas, pero apasionadamente interesantes para su corazón: unas preguntas donde se diesen a medias la superstición y la singular desesperación que halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer el amante en la índole profética o diabólica del ave (que, según le demuestra la razón, no hace más que repetir algo aprendido mecánicamente), sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable.

Viendo semejante facilidad que se me ofrecía o, mejor dicho, que se me imponía en el transcurso de mi trabajo, decidí primero la pregunta final, la pregunta definitiva, para la que el nevermore sería la última respuesta, a su vez: la más desesperada, llena de dolor y de horror que concebirse pueda.

Aquí puedo afirmar que mi poema había encontrado su comienzo por el fin, como debieran comenzar todas las obras de arte: entonces, precisamente en este punto de mis meditaciones, tomé por vez primera la pluma, para componer la siguiente estancia:


¡Profeta! Aire, ¡ente de mal agüero! ¡Ave o demonio, pero profeta siempre!
Por ese cielo tendido sobre nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos,
di a esta alma cargada de dolor si en el Paraíso lejano
podrá besar a una joven santa que los ángeles llaman Leonor,
besar a una preciosa y radiante joven que los ángeles llaman Leonor".
El cuervo dijo: "¡Nunca más!"



Sólo entonces escribí esta estancia: primero, para fijar el grado supremo y poder de este modo, más fácilmente, variar y graduar, según su gravedad y su importancia, las preguntas anteriores del amante; y en segundo término, para decidir definitivamente el ritmo, el metro, la extensión y la disposición general de la estrofa, así como graduar las que debieran anteceder, de modo que ninguna aventajase a ésta en su efecto rítmico. Si, en el trabajo de composición que debía subseguir, yo hubiera sido tan imprudente como para escribir estancias más vigorosas, me hubiera dedicado a debilitarlas, conscientemente y sin ninguna vacilación, de modo que no contrarrestasen el efecto de crescendo.

Podría decir también aquí algo sobre la versificación. Mi primer objeto era, como siempre, la originalidad. Una de las cosas que me resultan más inexplicables del mundo es cómo ha sido descuidada la originalidad en la versificación. Aun reconociendo que en el ritmo puro exista poca posibilidad de variación, es evidente que las variedades en materia de metro y estancia son infinitas: sin embargo, durante siglos, ningún hombre hizo nunca en versificación nada original, ni siquiera ha parecido desearlo.

Lo cierto es que la originalidad -exceptuando los espíritus de una fuerza insólita- no es en manera alguna, como suponen muchos, cuestión de instinto o de intuición. Por lo general, para encontrarla hay que buscarla trabajosamente; y aunque sea un positivo mérito de la más alta categoría, el espíritu de invención no participa tanto como el de negación para aportarnos los medios idóneos de alcanzarla.

[...] El punto siguiente que considerar era el modo de establecer la comunicación entre el amante y el cuervo: el primer grado de la cuestión consistía, naturalmente, en el lugar. Pudiera parecer que debiese brotar espontáneamente la idea de una selva o de una llanura; pero siempre he estimado que para el efecto de un suceso aislado es absolutamente necesario un espacio estrecho: le presta el vigor que un marco añade a la pintura. Además, ofrece la ventaja moral indudable de concentrar la atención en un pequeño ámbito; ni que decir tiene que esta ventaja no debe confundirse con la que se obtenga de la mera unidad de lugar.

En consecuencia, decidí situar al amante en su habitación, en una habitación que había santificado con los recuerdos de la que había vivido allí. La habitación se describiría como ricamente amueblada: con objeto de satisfacer las ideas que ya expuse acerca de la belleza, en cuanto única tesis verdadera de la poesía.

Habiendo determinado así el lugar, era preciso introducir entonces el ave: la idea de que ésta penetrase por la ventana resultaba inevitable. Que al amante supusiera, en el primer momento, que el aleteo del pájaro contra el postigo fuese una llamada a su puerta era una idea brotada de mi deseo de aumentar la curiosidad del lector, obligándole a aguardar; pero también del deseo de colocar el efecto incidental de la puerta abierta de par en par por el amante, que no halla más que oscuridad, y que por ello puede adoptar en parte la ilusión de que el espíritu de su amada ha venido a llamar... Hice que la noche fuera tempestuosa, primero para explicar que el cuervo buscase la hospitalidad; también para crear el contraste con la serenidad material reinante en el interior de la habitación.

Así, también, hice posarse el ave sobre el busto de Palas para establecer el contraste entre su plumaje y el mármol. Se comprende que la idea del busto ha sido suscitada únicamente por el ave; que fuese precisamente un busto de Palas se debió en primer lugar a la relación íntima con la erudición del amante y en segundo término a causa de la propia sonoridad del nombre de Palas.

Hacia mediados del poema, exploté igualmente la fuerza del contraste con el objeto de profundizar la que sería la impresión final. Por eso, conferí a la entrada del cuervo un matiz fantástico, casi lindante con lo cómico, al menos hasta donde mi asunto lo permitía. El cuervo penetra con un tumultuoso aleteo.

No hizo ni la menor reverencia, no se detuvo, no vaciló ni un minuto;
pero con el aire de un señor o de una dama, colgóse sobre la puerta de mi habitación.


En las dos estancias siguientes, el propósito se manifiesta aun más:

Entonces aquel pájaro de ébano, que por la gravedad de su postura y la severidad
de su fisonomía inducía a mi triste imaginación a sonreír:
"Aunque tu cabeza", le dije, "no lleve ni capote ni cimera,
ciertamente no eres un cobarde, lúgubre y antiguo cuervo partido de las riberas de la noche.
¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la noche plutónica".
El cuervo dijo: "¡Nunca más!".


Me maravilló que aquel desgraciado volátil entendiera tan fácilmente la palabra,
si bien su respuesta no tuvo mucho sentido y no me sirvió de mucho;
porque hemos de convenir en que nunca más fue dado a un hombre vivo
el ver a un ave encima de la puerta de su habitación,
a un ave o una bestia sobre un busto esculpido encima de la puerta de su habitación,
llamarse un nombre tal como "¡Nunca más!".



Preparado así el efecto del desenlace, me apresuro a abandonar el tono fingido y adoptar el serio, más profundo: este cambio de tono se inicia en el primer verso de la estancia que sigue a la que acabo de citar:

Mas el cuervo, posado solitariamente en el busto plácido, no profirió..., etc.


A partir de este momento, el amante ya no bromea; ya no ve nada ficticio en el comportamiento del ave. Habla de ella en los términos de una triste, desgraciada, siniestra, enjuta y augural ave de los tiempos antiguos y siente los ojos ardientes que le abrasan hasta el fondo del corazón. Esa transición de su pensamiento y esa imaginación del amante tienen como finalidad predisponer al lector a otras análogas, conduciendo el espíritu hacia una posición propicia para el desenlace, que sobrevendrá tan rápida y directamente como sea posible. Con el desenlace propiamente dicho, expresado en el jamás del cuervo en respuesta a la última pregunta del amante -¿encontrará a su amada en el otro mundo?-, puede considerarse concluido el poema en su fase más clara y natural, la de simple narración. Hasta el presente, todo se ha mantenido en los límites de lo explicable y lo real.

Un cuervo ha aprendido mecánicamente la única palabra jamás; habiendo huido de su propietario, la furia de la tempestad le obliga, a medianoche, a pedir refugio en una ventana donde aún brilla una luz: la ventana de un estudiante que, divertido por el incidente, le pregunta en broma su nombre, sin esperar respuesta. Pero el cuervo, al ser interrogado, responde con su palabra habitual, nunca más: palabra que inmediatamente suscita un eco melancólico en el corazón del estudiante; y éste, expresando en voz alta los pensamientos que aquella circunstancia le sugiere, se emociona ante la repetición del jamás. El estudiante se entrega a las suposiciones que el caso le inspira; mas el ardor del corazón humano no tarda en inclinarle a martirizarse, así mismo y también por una especie de superstición a formularle preguntas que la respuesta inevitable, el intolerable "nunca más", le proporcione la más horrible secuela de sufrimiento, en cuanto amante solitario. La narración en lo que he designado como su primera fase o fase natural, halla su conclusión precisamente en esa tendencia del corazón a la tortura, llevada hasta el último extremo: hasta aquí, no se ha mostrado nada que pase los límites de la realidad.

Pero, en los temas manejados de esta manera, por mucha que sea la habilidad del artista y mucho el lujo de incidentes con que se adornen, siempre quedan cierta rudeza y cierta desnudez que dañan la mirada de la persona sensible. Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación; por otra cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinido. Esta última cualidad es la que le confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal. Lo que transmuta en prosa -y prosa de la más baja estofa-, la pretendida poesía de los que se denominan trascendentalistas, es justamente el exceso en la expresión del sentido que sólo debe quedar insinuado, la manía de convertir la corriente subterránea de una obra en la otra corriente, visible en la superficie.

Convencido de ello, añadí las dos estancias que concluyen el poema, porque su calidad sugestiva había de penetrar en toda la narración antecedente. La corriente subterránea del pensamiento se muestra por primera vez en estos versos:

Arranca tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos de mi puerta.
El cuervo dijo: "Nunca más".



Quiero subrayar que la expresión "de mi corazón" encierra la primera expresión poética. Estas palabras, con la correspondiente respuesta, jamás, disponen el espíritu a buscar un sentido moral en toda la narración que se ha desarrollado anteriormente.

Entonces el lector comienza a considerar el cuervo como un ser emblemático pero sólo en el último verso de la última estancia puede ver con nitidez la intención de hacer del cuervo el símbolo del recuerdo fúnebre y eterno.

Y el cuervo, inmutable, sigue instalado, siempre instalado
sobre el busto plácido de Palas, justo encima de la puerta de mi habitación;
y sus ojos parecen los ojos de un demonio que medita;
y la luz de la lámpara, que le chorrea encima, proyecta su sombra en el suelo;
y mi alma, fuera del círculo de aquella sombra que yace flotando en el suelo,
no podrá elevarse ya más, ¡nunca más!


Fin

*Edgar Allan Poe fue escritor, poeta y crítico. Se lo suele presentar como el maestro del relato corto, en especial de cuentos de terror y misterio.

Encontrará libros de su autoría, de regalo, en nuestra sección Libros gratis, como Selección de poesías (donde figura, precisamente, ¡"El cuervo"!) y Siete relatos de horror y suspenso.

 

05

 

1. ¿Cómo fue que pensó en la posibilidad de escribir su primer libro, luego de años de dedicarse a la docencia y la atención clínica? ¿Surgió como el resultado final de una etapa de investigación? ¿Fue una necesidad académica?

El libro Children's Economic Experience es el resultado natural de mis años de indagación, lectura y reflexión sobre la socialización económica de los niños. En cualquier caso de trabajo intelectual (un escritor y su novela, un músico y su obra, un científico y su investigación) el ciclo no se cierra hasta que el producto es presentado al público. Los lectores son los jueces en última instancia: quienes determinan si lo que uno ha producido tiene algún valor.

2. Uno de los libros que publicó en nuestro sitio, tanto en español como en inglés, es Conversaciones con John Searle (un libro que aprovechamos para recomendar incluso a neófitos en Psicología o Lingüística, por lo interesante de su contenido y la claridad con que está presentado). ¿Cómo fue que logró una entrevista con uno de los pensadores más importantes del siglo pasado? ¿Cuál considera usted que fue el aporte fundamental de Searle a las ciencias del lenguaje?

La entrevista la logré gracias a las gestiones de María Ignacia Massone, una investigadora pionera en el área de la lengua de señas en Argentina, quien conoció a Searle en un congreso internacional de lingüística. Ella sirvió de puente para el primer contacto. Searle aceptó inmediatamente la propuesta que le envié.

Searle ha hecho grandes contribuciones a la filosofía del lenguaje. Es reconocido sobre todo por la Teoría de los Actos de Habla. Esta es una teoría muy compleja, por lo que indico apenas que supone un enfoque pragmático sobre el lenguaje, lo cual quiere decir que no se lo entiende solamente como un medio para representar la realidad objetiva del mundo exterior por medio de proposiciones (verdaderas o falsas), sino que además el lenguaje sirve para actuar. Usamos el lenguaje cotidianamente para hacer cosas tales como persuadir, jurar, abdicar, regalar, amenazar o informar y, en este sentido, el lenguaje no se limita a describir la realidad, sino que crea nuevas realidades.

Pero hay que indicar que Searle no es principalmente un teórico del lenguaje (aunque en Argentina se lo conozca mayormente por esa faceta). Searle se ha destacado en distintas áreas de la filosofía, tales como la Teoría de la Mente (en particular, por su análisis de la intencionalidad) y la epistemología de los fenómenos sociales. También es conocido por sus eficaces críticas de la filosofía posmoderna (sobre todo la de Jacques Derrida), del reduccionismo naturalista de Daniel Dennett, y de la analogía entre mente y computadora digital sostenida por los teóricos de la inteligencia artificial.

3. En relación con ese tema, otro título de nuestro catálogo, Mente y pantalla, trata del vínculo entre el pensamiento humano y el sistema que rige las acciones de un ordenador. ¿Ve usted también paralelismos entre ambos tipos de "inteligencia"?

No he leído esta obra, así que respondo en general. Siempre se pueden ver paralelismos entre dos fenómenos tan complejos. A mis amigos, cuando se quedan turulatos frente a una situación difícil, los embromo con frases del tipo "se te colgó el sistema" o "debes reiniciar tu equipo". Uno también puede encontrar analogías entre los procesos de pensamiento humanos y los procesos por los que se forman huracanes en el Caribe. El problema es el alcance y la relevancia de estas analogías. El argumento de la "habitación china" de Searle apunta precisamente a criticar el reduccionismo de los teóricos de la inteligencia artificial, que consideran que el pensamiento humano es similar a los procesos de computación digital. Searle cree que hay similitudes, pero también diferencias muy fuertes entre ambos fenómenos, y que por lo tanto la analogía entre cerebro (o mente) y computadora tiene un valor muy limitado.

Para leer sobre el argumento de la habitación china:
http://claudiogutierrez.com/bid-fod-uned/Searle.html
http://cineypolitica.blogspot.com/2005/08/en-la-habitacin-china.html


4. ¿Por qué le interesó publicar Conversaciones... tanto en inglés como en español? ¿Conocía ya de la existencia de potenciales interesados en los dos idiomas? ¿Encontró que el público era diferente o que se le podían abrir posibilidades distintas?

Son dos mercados distintos. En español, llegaba al mundo académico en el que estaba insertado en ese momento (la universidad en Argentina); en inglés, llegaba potencialmente a un mercado enorme de lectores que conocen a Searle.

5. Como psicólogo especializado en el lenguaje, seguramente habrá adoptado una postura acerca de la forma en que los seres humanos recibimos la facultad del lenguaje.

Se habla siempre de dos teorías opuestas, la línea chomskyana según la cual venimos al mundo con una gramática innata (un conjunto de normas universales ya incorporadas en nuestra mente, previo contacto con cualquier lengua) y la empirista, que propone la idea de que el lenguaje se adquiere solamente mediante el contacto con otros hablantes. ¿Cuál de las dos hipótesis le parece más plausible?


No soy un especialista en desarrollo lingüístico. Creo que la controversia que usted menciona no es tanto de "teorías" sino de "meta-teorías", o sea, del enfoque epistemológico general que deben asumir los investigadores. En este momento, entiendo que se privilegian los enfoques interactivos. Las estructuras innatas son importantes, pero no son estáticas, tienen un proceso de desarrollo. Durante ese proceso de desarrollo se nutren de, e interactúan con, el contexto social y cultural. Como dice Jerome Bruner, al darle el lenguaje al niño le damos la cultura (y viceversa). El lenguaje se adquiere en el interior de unos contextos de interacción que están fuertemente pautados por la cultura. Finalmente, el niño no es un receptor pasivo de estas experiencias. El niño asimila esta información, se apropia de ella, la utiliza, la ejercita. Esta dimensión de la experiencia subjetiva (la apropiación y el ejercicio de las habilidades por parte del niño) no es ni "innata" en sentido estricto ni copiada del medio. Es un proceso interactivo y transformador muy complejo, que involucra muchos niveles.

6. En relación con su otra obra publicada con nosotros, Children's Economic Experience, ¿cómo llegó a interesarse en un tema tan específico y poco explorado -al menos, a nivel divulgatorio- como el intercambio de bienes (golosinas, juguetes o incluso gestos) entre los niños? ¿Cuál es la incidencia de este comportamiento en el desarrollo infantil?

Originalmente, mi tema era "la noción de dinero en el niño". Este tema fue sugerido por el gran epistemólogo argentino, Juan Samaja, quien fue mi primer mentor y ha influido fuertemente en mis ideas. Me inicié en la investigación siendo aún estudiante de grado, con una beca de la Universidad de Buenos Aires. Para investigar las ideas de los niños utilizaba un método de entrevistas, y les hacía preguntas sobre el origen y la función del dinero.

Paulatinamente, mientras iba dialogando con los niños y estudiando la historia de la ciencia económica, empecé a interesarme en una forma de discurso a la que llamo "juicio de valuación". Un juicio de valuación ocurre cada vez que un niño argumenta que un cierto objeto (digamos, un llavero de oro) vale más que otro (por ejemplo, una bicicleta), a causa de alguna razón ("porque el oro brilla mucho"). El interés en estos juicios y sus concepciones de valor subyacentes me fueron llevando al terreno de la "economía subterránea" que despliegan los niños en el patio escolar, en la que abundan los cambios de figuritas, golosinas y favores, y se dan infinidad de trueques, negociaciones y regateos. Este giro de las entrevistas clínicas al mundo práctico se condice bien con mi enfoque dialéctico, que supone la primacía de la razón práctica sobre la teórica. A partir de este giro, desarrollé un conjunto de investigaciones sobre los intercambios entre pares, entre los 3 y los 12 años. El principal resultado de mi investigación ha sido describir cómo los niños cambian paulatinamente de una cultura de la reciprocidad asociativa (en la que uno intercambia con sus amigos y para reforzar estos lazos de alianza o amistad) a una cultura que también incluye la reciprocidad estricta (se intercambia para acumular, es decir, con un objetivo económico).

7. ¿Está realizando una investigación nueva en este momento o profundizando en líneas de reflexión previas? A partir de la experiencia con su hija Lola, de casi dos años, ¿ha debido reformular hipótesis, ha podido confirmar ideas? En algún punto ¿observa sus avances de su niña en lo que a comunicación se refiere -como casi todos los lingüistas y psicólogos-, con ojo inevitablemente clínico?

En este momento estoy residiendo provisoriamente en Washington, DC, y no cuento con una inserción institucional que me permita continuar mis investigaciones. Espero retomarlas en el futuro.

En cuanto a mi hija (siempre agradezco la oportunidad de hablar de ella), debo decir que sí, que me ha permitido verificar algunas afirmaciones teóricas. Por ejemplo, yo comento en mi libro (basado en investigaciones psico-lingüísticas previas) que los niños utilizan el pronombre posesivo ("mío") antes que el pronombre personal "yo" o incluso su propio nombre. En Lola esto lo vi con claridad. A los 15 meses ya sabía decir "mío" ("mine", en realidad). Y de hecho, en las interacciones con sus pares, donde se transparenta mayor interés y emoción (y también mayor angustia) es en las situaciones en que pelea con otros niños por la posesión de un juguete, tironeando de él y en algunos casos hasta golpeando al otro niño. El interés en los objetos y las peleas por la posesión fueron aumentando con la edad, y creo que tuvieron su pico de intensidad a los 20 meses. La otra cara de estos conflictos por la posesión de los objetos es que, desde los 11 meses, aproximadamente, Lola utiliza el dar u ofrecer un objeto a otro niño como apertura en la interacción, es decir, para llamar la atención e involucrar al otro niño en una actividad compartida. Es decir que los objetos median en la interacción, tanto negativa (conflictos) como positiva (intercambios).

El crecimiento del interés en la posesión va de la mano del ejercicio, por parte del niño, de una apropiación de su propio cuerpo. El niño parece ir comprendiendo que su cuerpo le pertenece. En Lola se vio claramente cómo empezó a reclamar el derecho a ponerse ciertas zapatillas y no otras, aceptar o rechazar comer cierta comida o interrumpir cierto juego, conferir o negarle un abrazo a otra persona, etc. El "no" (que aparece mucho antes que el sí) es utilizado por los niños para indicar que, como personas autónomas ("dueñas de su cuerpo"), se niegan a realizar ciertos actos. En términos de Samaja, hay una dimensión jurídica que es crucial en la formación de la identidad personal, de verse a uno mismo como una persona autónoma, con un cuerpo, con posesiones, con derechos y obligaciones.

También es interesante que la construcción del acto auto-referencial de decir "yo" sea posterior a la descripción de un objeto como "mío". Siguiendo a Samaja, esta secuencia indicaría que el "yo" no es un dato inmediato, sino que se construye reflexivamente: primero actúo sobre el mundo, interactúo con otros sujetos, uso los objetos, entro en conflicto por la posesión de las cosas, defino a ciertos objetos como "míos" (lo cual implica el reconocimiento de los otros), y al final de este proceso llego a construir la auto-referencia a la que llamamos "yo". El dedo índice sirve primero para señalar cosas en el mundo externo y sólo mucho más tarde para señalarse a uno mismo. Cuando crecemos, el "yo" se nos aparece como algo obvio e inmediato, pero esto es el resultado de lo que Samaja llama la "recaída en la inmediatez". En su origen, el "yo" es algo reflexivo, no inmediato, que supone los dos tiempos de a) usar objetos, y b) que los otros sujetos reconozcan ciertos objetos como míos.

En el caso de Lola, empezó a decir su propio nombre y el pronombre "yo", y a utilizar estas palabras en oraciones, recién a los 21 meses. Otro juego en el que Lola se interesa ahora y que me divierte mucho, consiste en abrazarse a uno de sus padres (al grito de "mine!") y expulsar simultáneamente al otro ("go!").

Una última observación sobre el tema. Cuando Lola pide caramelos (o cualquier otro bien deseable y escaso o prohibido), sabe levantar el índice de la mano como para indicar "uno" o "el último". En términos de mi investigación este "acto de habla" (como diría Searle) constituye un uso retórico del lenguaje y los gestos, del que ella se ha apropiado porque le permite interactuar de modo válido y eficaz para conseguir bienes deseables. Yo creo que este acto es, para ella, un modo de introducirse al mundo social de los números. Antes de saber en términos teóricos qué es un número, qué es la cantidad, cuánto es "uno", ella ya sabe argumentar utilizando argumentos cuantitativos ("¡sólo uno!") en los contextos sociales. Esto se condice bien con mi enfoque, pues considero que conceptos tales como el de "cantidad" tienen una matriz de sentido en la interacción social. La acción (acción humana, acción semiótica y retórica) precede a la interiorización de la acción y su reconstrucción como conocimiento (por ejemplo, conocimiento de los números y la cantidad).



*Gustavo Faigenbaum es licenciado en Psicología (Universidad de Buenos Aires, Argentina, 1989) y doctor en Filosofía (New School for Social Research, Nueva York, 1997). Ha sido docente y Becario de Investigación de la Universidad de Buenos Aires y Profesor Titular de la materia Cognición, Pensamiento y Lenguaje de la carrera de Psicología en la Universidad de Palermo (Argentina). Fue miembro de la Carrera de Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, de Argentina. Ha investigado y publicado sobre la noción de dinero en el niño, la especificidad de conocimiento social, la teoría de la argumentación, y las prácticas de intercambio de objetos de los niños.
 

 

05


Un mes de poetas. El...


      
5 de septiembre de 1914, nace Nicanor Parra, poeta chileno;

       9 de septiembre de 1898 muere Stéphane Mallarmé, poeta simbolista francés;

       14 de septiembre de 1920 nace el escritor uruguayo Mario Benedetti, escritor de cuentos, novelas y también de poemas como el que sigue, de título "Mucho más grave":

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte
cuando digo todas las parcelas
no me refiero sólo a esto de ahora
a esto de esperarte y aleluya encontrarte
y carajo perderte
y volverte a encontrar
y ojalá nada más.
No me refiero sólo a que de pronto digas
voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta
bueno llorá
y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizá por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero sólo a que día tras día
aumente el stock de nuestras pequeñas
y decisivas complicidades
o que yo pueda o creerme que puedo
convertir mis reveses en victorias
o me hagas el más tierno regalo
de tu más reciente desesperación.
No.
La cosa es muchísimo más grave.
Cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce
cataclismo
también estás re escribiendo mi infancia
esa edad en que uno dice cosas adultas
y solemnes,
y los solemnes adultos las celebran.
Y vos en cambio sabés que eso no sirve.
Quiero decir que estás rearmando
mi adolescencia
ese tiempo en que fui un viejo cargado
de recelos
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo
mi germen de alegría y regarlo mirándolo.
Quiero decir que estás sacudiendo
mi juventud
ese cántaro que nadie tomó nunca
en sus manos,
esa sombra que nadie arrimó a su sombra
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas
y quede la armazón de mi verdad sin proezas.
Quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia
este extraño confín de angustia y nieve,
esta bujía que ilumina la muerte,
este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave
muchísimo más grave,
porque con estas palabras o con otras palabras
quiero decir que no sos tan solo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
o cautelosas mujeres
que quise o quiero.
Porque gracias a vos he descubierto
(dirás que ya era hora y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
según venga la vida,
una bahía donde los barcos
llegan y se van.
Llegan con pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan y se van.
Pero vos,
por favor
no te vayas.

   
       22 de septiembre de 1966 muere André Breton, poeta francés fundador del movimiento surrealista;

       23 de septiembre de 1973 uno de los poetas más reconocidos dentro de la lengua castellana: el chileno Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura 1971. De su libro Cien sonetos de amor, copiamos aquí el canto XXV:


Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno.

Todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.
 

       26 de septiembre 1888 nace Thomas S. Eliot, escritor estadounidense.

   
 

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